La agricultura española afronta la primavera más cara en años
El pasado 23 de marzo, el ministro de Agricultura Luis Planas defendía en Bruselas que el comercio basado en reglas es la única vía para garantizar la seguridad alimentaria global. Lo hacía en un momento en el que al menos tres de esas reglas están cambiando a la vez para los productores españoles, y ninguna a su favor.
Los fertilizantes ya son el primer problema del campo español en 2026
Desde el 1 de enero, los fertilizantes importados a la Unión Europea pagan una tasa adicional por su huella de carbono. Es el CBAM, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, y su efecto sobre los costes de producción agrícola ha sido inmediato. Unión de Uniones cifró el sobrecoste entre 40 y 100 euros por hectárea antes incluso de que la medida entrase en vigor, y denunció que cuestiones tan básicas como la metodología para calcular las emisiones de cada partida de abono seguían sin definirse. La urea, base de la fertilización en la mayoría de cultivos hortícolas y extensivos, ronda ya los 600 euros por tonelada. ASAJA ha pedido formalmente a España que respalde la propuesta francesa de suspender el mecanismo para fertilizantes de forma inmediata.
El Gobierno respondió la semana pasada. Planas anunció que en las próximas semanas se abonarán las ayudas directas aprobadas por el conflicto en Oriente Medio: 22 euros por hectárea de secano, 55 por hectárea de regadío. Para un cerealista con 200 hectáreas de secano, eso son 4.400 euros. El sobrecoste estimado del CBAM sobre esa misma explotación puede superar los 20.000.
Este desequilibrio golpea especialmente a los cultivos intensivos que dependen de fertilización constante: hortalizas en Almería, cítricos en Sevilla o brócoli en Murcia. Son cultivos con márgenes ya ajustados donde 100 euros más por hectárea pueden hacer que una campaña deje de ser viable.
Los aranceles de Trump y el aceite de oliva español
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, la incertidumbre arancelaria ha paralizado parte del comercio de aceite de oliva con Estados Unidos. Rafael Pico, director adjunto de Asoliva, lo resumía así en febrero: los operadores del sector van, literalmente, dando tumbos. No es solo el arancel del 20% que pesa ahora sobre el producto español. Es no saber si mañana será un 25%, un 50% o un 200%, como llegó a amenazar la Casa Blanca en abril de 2025. Asoliva lleva meses negociando con Washington y con Bruselas para que el aceite de oliva entre en la lista de productos exentos, como ya ocurre con el aguacate o el plátano. De momento, sin resultado.
España produce entre 1,2 y 1,4 millones de toneladas anuales de aceite de oliva. De esas, entre 100.000 y 150.000 se destinaban al mercado estadounidense, un negocio de unos 400 millones de euros. Con los aranceles, el volumen que no cruza el Atlántico se queda en Europa, donde presiona los precios a la baja. En origen, el virgen extra se paga a 4,18 euros el kilo, menos de la mitad de los 7,25 que llegó a alcanzar en 2024. El agricultor de Jaén o Córdoba que mantiene el olivar recibe menos por su aceituna, pero el coste de recogerla no ha bajado. Ha subido.
La campaña de la aceituna en Córdoba y la de Sevilla mueven miles de trabajadores agrícolas cada temporada. Cuando el precio en origen cae, el primer recorte suele ir contra los costes de recolección. Y eso significa menos jornales, cuadrillas más pequeñas o directamente olivos que se quedan sin varear.
Récord de precios de los supermercados en marzo
Y aquí aparece el tercer frente. La cesta de la compra marcó en marzo los 320,78 euros, el dato más alto desde que la OCU lleva registro. Las cebollas subieron un 10,5%. La ensalada de bolsa, un 22,4%. El IPC general repuntó al 3,3%, un punto entero más que en febrero, arrastrado en buena medida por la alimentación. El Banco de España ya señalaba la relación directa: la subida de fertilizantes se traslada de forma casi inmediata al precio de frutas y hortalizas.
Lo que no se traslada es al margen del productor. Hacienda eliminó para este ejercicio las bonificaciones extraordinarias al gasóleo agrícola y a los fertilizantes que habían servido de alivio en los peores años de la crisis de costes. ASAJA calificó la decisión fiscal de 2026 de decepcionante. Las organizaciones agrarias llevan semanas reclamando medidas de urgencia, y la respuesta que han obtenido hasta ahora, las ayudas de 22 euros por hectárea, cubre una fracción del problema.
La falta de mano de obra agrícola se agrava cada temporada
A todo esto se suma una realidad estructural que no aparece en ningún decreto: la dificultad creciente para encontrar mano de obra cualificada. ASAJA Sevilla lleva años denunciándolo como un problema estructural del campo andaluz. Las campañas agrícolas se solapan, la población rural envejece, y cada temporada hay más hectáreas que no se recogen a tiempo o que directamente se pierden.
En provincias como Sevilla o Jaén, donde la aceituna, los cítricos y las hortalizas se disputan los mismos brazos en los mismos meses, la competencia por jornaleros con experiencia se ha convertido en un factor de coste más. Lo mismo ocurre en Málaga con el aguacate, en Cáceres con la fruta de hueso o en Badajoz con los cultivos extensivos.
Cada cosecha que se queda en el árbol es producción que no llega al mercado, oferta que se reduce y precio que sube para el consumidor. Las cooperativas y agricultores que consiguen planificar sus cuadrillas con antelación son los que mejor están aguantando el golpe.
Lo que pasa en el campo acaba en tu cesta de la compra
Es difícil saber cuánto durará esta convergencia de presiones. El CBAM va a seguir encareciéndolo todo mientras no se aprueben compensaciones reales. Los aranceles dependen de las decisiones de un gobierno que cambia de criterio entre un tuit y el siguiente. Y la falta de mano de obra en el campo es un problema demográfico que ninguna subvención puntual va a resolver.
Lo que sí está claro es que la agricultura española afronta la primavera de 2026 pagando más por producir, cobrando menos por vender y compitiendo por unos trabajadores que cada año son más difíciles de encontrar. Lo que pase en estos meses no se queda en el campo. Acaba, como siempre, en la cesta de la compra.